En algún momento de nuestra vida todos hemos padecido estrés. Nervios, agobio, inquietud, angustia, ansiedad, mal humor… son algunos de sus síntomas más frecuentes. El ritmo frenético y la vida ajetreada que llevamos no hacen más que empeorar la situación. De ahí que en la actualidad se hayan disparado todas las alarmas. Y no es para menos, porque más allá del estrés que afecta a nuestra vida personal, el fenómeno del estrés laboral está experimentando un crecimiento imparable. Quizá, lo más preocupante sea el hecho de que muchos trabajadores ni siquiera se percatan del nivel de estrés al que están sometidos, reduciendo así cualquier posibilidad de actuación o prevención. Y es que detectar un proceso lento y gradual no es nada sencillo.

Se podría afirmar que todos los trabajadores han sentido al menos una vez la presión asociada al trabajo. Incluso aunque tengamos la suerte de disfrutar con lo que hacemos, todo empleo presenta elementos estresantes. Según los últimos estudios, más de la mitad de los trabajadores europeos considera que el estrés es un elemento común en su lugar de trabajo. En concreto, un 28% de los trabajadores europeos padece algún tipo de estrés laboral. Los datos son cuanto menos preocupantes: más del 15% de las enfermedades cardiovasculares en hombres y del 20% en mujeres deben su origen al estrés laboral.

Pero el trabajador no es el único afectado por esta situación. El estrés asociado al trabajo genera cuantiosos costes a nivel empresarial y nacional. Según los expertos, el estrés se configura como la segunda causa de baja laboral en la Unión Europea, afectando anualmente a cuarenta millones de trabajadores. Los gastos sanitarios se cifran en veinte mil millones de euros al año, sin olvidar la pérdida de productividad, rendimiento y creatividad en el propio puesto de trabajo.

Qué es y cómo se genera el estrés laboral

¿Pero qué entendemos por estrés laboral? ¿Cuáles son sus causas y consecuencias? El estrés laboral es ese conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y de comportamiento por pare del trabajador a ciertos aspectos adversos o nocivos del contenido, el entorno o la organización del trabajo. Un trabajador siente estrés cuando las exigencias de su puesto son mayores que su capacidad para hacerles frente.

Las causas por las que se desencadena son múltiples y de distinta naturaleza, aunque destaca la carga de trabajo excesiva; las exigencias contradictorias y falta de claridad en las órdenes; falta de participación en la toma de decisiones; sueldos bajos; escasa probabilidad de promoción; gestión deficiente de los cambios organizativos; comunicación ineficaz o falta de apoyo, entorno laboral hostil y elevada responsabilidad por nivel de puesto.

Sus efectos son devastadores para nuestro organismo. Además de los problemas de salud mental y emocional que conlleva (deterioro cognitivo, insomnio, ansiedad, depresión, desórdenes mentales o trastornos afectivos), los trabajadores sometidos a periodos de estrés prolongados pueden desarrollar problemas graves de salud física, como enfermedades cardiovasculares, digestivas, respiratorias o problemas musculoesqueléticos.

Cómo combatir el estrés laboral

Aunque si bien el estrés es una respuesta natural de nuestro sistema, difícil de controlar, pueden aplicarse distintas medidas para combatirlo:

Gestiona tu tiempo

Aprende a gestionar tu tiempo. Levantarse tarde e ir con prisas a la oficina causa ya altos niveles de estrés. Acude a tu puesto relajado y comprueba cómo mejora tu día a día.

Planifica tus tareas

Repasa mentalmente todas las tareas que tienes que realizar en el día y establece prioridades. Si no te organizas bien, puede que dejes de cumplir alguna de tus funciones; lo que incrementará tu nerviosismo y tensión.

Organiza tu lugar de trabajo

Tener la mesa de trabajo ordenada ayuda a conseguir una buena estabilidad mental. Evitarás los frecuentes agobios por no encontrar un papel o un documento.

Haz descansos

Trabajar muchas horas seguidas sin parar es contraproducente. No sólo disminuirá el nivel de concentración, sino también el rendimiento, la eficiencia y la capacidad de retención. Descansa aunque sean cinco minutos, aprovecha para charlar con algún compañero o tomar un tentempié o simplemente estírate o camina por la oficina.

Evita distracciones

Concéntrate en tus funciones y deja de lado las llamadas personales.

Aplica técnicas de relajación

Técnicas como la meditación y relajación o ejercicios de respiración profunda pueden reducir considerablemente los niveles de tensión.

Lleva una vida saludable

Una alimentación sana y equilibrada, la calidad del sueño y la práctica de ejercicio físico son nuestros mejores aliados para combatir el estrés.

 

No olvides que lo que está en juego es la salud. Aunque no sea lo único. Nuestras relaciones personales también pueden resultar gravemente dañadas. Tómate las cosas con calma, respira hondo, come bien, descansa lo suficiente, haz deporte, desconecta y sobre todo, dejas las preocupaciones profesionales en la oficina. Ni se te ocurra llevártelas a casa.

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